Turismo Lobero, ¿Panacea o pandemia?

lunes, 10 de febrero de 2014

Recientemente se está hablando mucho del valor del lobo vivo como motor económico que puede ayudar a los habitantes del mundo rural, sobre todo en la Sierra de la Culebra, Zamora, donde el Cluster de empresas denominado “Interior Legendario” está poniendo ese valor por encima de cualquier otro, como hemos visto recientemente en Fitur.


No se trata de un título casual, pues hay un estudio científico con un título similar, The role of ecotourism in conservation: panacea or Pandora’s box? OLIVER KRÜGER Department of Zoology, University of Cambridge, Downing Street, Cambridge CB2 3EJ, UK, en donde nos indican que el turismo entorno a una especie jamás debe supeditar a la conservación de la misma. Al igual que suele confundirse el término ecoturismo con el de un simple “turismo de lobos”, el primero tiene como primer objetivo la conservación de la especie, el segundo es una actividad económica.

El problema es que en España no existe una legislación que regule este creciente turismo entorno al lobo, y como es de costumbre, estamos empezando la casa por el tejado, impulsando un turismo, sin regular el mismo, sin ver hasta qué punto ese turismo puede ser un problema añadido a la especie, o realmente es un elemento que ayude a su conservación.

 
El lobo es una especie altamente perseguida, no solo en España, sino por todo el planeta, esto ha convertido al animal en un auténtico especialista a la hora de evitar al ser humano, aunque no siempre tiene éxito.
La presencia del ser humano en los territorios en donde aún habita el lobo, supone en la especie conductas de evitación, conductas que pueden acarrear problemas para la misma ya que pueden interrumpir otras conductas:

- Caza o ingesta de alimentos
- Desplazamientos innecesarios de los miembros de la manada que pudiera suponer en época de cría que las madres retrasaran su vuelta a la madriguera, dejando a los vulnerables cachorros más tiempo a su suerte, y retrasando también el amamantamiento de los mismos. El miedo que generamos a los lobos es tal, que las hembras pueden abandonar a sus cachorros ante la presencia del ser humano.

Por desgracia, no son pocas las empresas de turismo lobero que nos muestran fotos realizadas a lobeznos a distancias inferiores a 500 metros (incluidas en sus ofertas turísticas loberas), sin valorar posibles consecuencias para esos lobeznos ya que mientras ellos los están observando, la madre podría retrasar su vuelta. Un dato curioso, en los Parques Nacionales de EEUU, en donde no se les caza, la distancia legal para la observación es de 1’5 km de distancia.

Pero esto no es todo, presuntamente, algunas empresas de turismo lobero, en ocasiones utilizan métodos poco éticos para asegurar el avistamiento de lobos a sus clientes, con el uso de cebaderos. Esto provoca otra serie de problemas en la especie como son:

- Habituación de la especie al humano, haciendo a la especie vulnerable ante otras actividades como son la cinegética, ya sea legal o ilegal (furtivismo), máximo cuando se utilizan los mismos cebaderos para cazarlos, como para echarles la foto.

- Las consecuencias de la habituación de la vida salvaje, como se puede ver en el estudio científico “Wildlife habituation” (VALERIUS GEIST, University of Calgary, Calgary, Alberta, Canada Human–Wildlife Interactions 5(1):9–12, Spring 2011), trae como consecuencias, entre otras, el aumento de casos de agresividad de la fauna hacía los seres humanos. Recordemos que no hay ningún caso probado en España de ataques de lobos a personas, pero básicamente por el miedo que le provocamos, ¿qué sucedería si está situación cambiara? Pero es más, la mejor arma con la que cuenta el lobo para escapar de la caza indiscriminada que sufre, es el miedo que siente por el humano.

- El uso de los cebaderos, de forma puntual o habitual, además de ser una práctica carente de ética e incluso ilegal en algunas comunidades autónomas como Castilla y León, conlleva además otras modificaciones de conducta en los lobos. La caza es un elemento de cohesión de las manadas y el uso de los cebaderos puede suponer la destructuración de las mismas.


Pero lo más importante de todo, y que parecen olvidar, es su papel fundamental en el mantenimiento de los ecosistemas:

- Control de los ungulados, evitando daños a la agricultura, que son muy superiores a la que el lobo genera a la ganadería. Además de sanear las poblaciones de ungulados de posibles enfermedades que también suponen un riesgo para el ganado.

- Controla la población de mesodepredadores como zorros, garduñas, perros asilvestrados, entre otros, que provocan daños directos tanto en ganadería menor, como en ganadería mayor, pero además, favorece a otras especies que se ven afectadas por el aumento poblacional de estos mesodepredadores al no haber un gran depredador que regule su población.
- Favorece el crecimiento de especies de origen vegetal al mantener reguladas y en constante movimiento a los ungulados silvestres.

Sobre la importancia de los grandes depredadores tenemos importante documentación científica, la más reciente William J. Ripple y col. 2014, Status and Ecological Effects of the World’s Largest Carnivores, pero se podrían citar otros estudios en donde se deja patente de la necesidad de preservar a los grandes depredadores como Werner T. Flueck, (2011) Predators`Effects on Ecosystem Entropy. Science y ESTES, J. A., TERBORGH, J., BRASHARES, J. S., POWER, M. E., BERGER, J. y col. (2011). Trophic Downgrading of Planet Earth. Science, 333: 301-306. El caso más conocido de la importancia de la presencia del lobo en un ecosistema lo encontramos en el Parque Nacional de Yellowstone. En 1918 fueron eliminados los grandes depredadores para proteger el número de ungulados del Parque Nacional de Yellowstone.


Durante este período, hubo muy poca regeneración de nuevos álamos temblones, sauces y álamos de Virginia. Las poblaciones de alces empezaron a mostrar un aumento marcado en megafauna coja o enferma. Al no temer a los lobos, los alces pastaban dondequiera, y, durante décadas, procedieron a alimentarse de -y matar- todos los individuos jóvenes de álamo de Virginia que crecían en las riberas de los arroyos. Esto trajo como consecuencia la erosión de las riberas de los arroyos, y el aumento en la temperatura del agua.
Para los 90, el gobierno federal había cambiado radicalmente su opinión sobre los lobos. Los científicos decidieron traerlos de nuevo al área en 1995. El U.S. Fish and Wildlife Service trajo 15 lobos grises de Canadá. Los lobos se desarrollaron, y, ahora, hay más de 300 de sus descendientes viviendo en Yellowstone. Ahora, los lobos influyen sobre los alces a través de la mortandad directa: han estado cazando alces, y comiéndoselos. Ha habido un aumento en la regeneración del álamo temblón, el álamo de Virginia y el sauce. Esto ilustra cómo los lobos, también, influyen en los alces a través de medios no letales. Por lo visto, el temor de ataques por parte de los lobos evita que los alces se alimenten de los árboles jóvenes en zonas del dominio de los lobos, y que frecuenten los arroyos. Además de beneficiar a más de 25 especies en Yellowstone. Los cuerpos de los alces muertos por lobos son consumidos por otros carnívoros.

La presencia del lobo en la Península Ibérica debería ser un motivo de orgullo, pues se trata de una joya para nuestros ecosistemas, por este motivo debería ser objeto de protección en toda la Península pero tan solo en Portugal la tienen, mientras en España, a pesar de que al Sur del Duero es considerada especie protegida, se le caza igualmente por medio de los famosos “controles poblacionales”, sin contemplar otra alternativa. Algo que podemos comprobar con las declaraciones a primeros de febrero, de la consejera de Agricultura y Ganadería de la Junta, Silvia Clemente, donde ha manifestado: «hemos planteado a la consejera y al ministro que se busquen fórmulas ante la Unión Europea para que el lobo pueda ser una especie cinegética al sur del Duero, guardando los equilibrios del ecosistema» (Diario de Álava).


Efectivamente, un turismo bien llevado, puede ayudar a su conservación, ya que el lobo puede generar una serie de ventajas:

- Motor económico para los habitantes de la zona, que pueden verse beneficiados por esos turistas atraídos por el lobo, ya sea con alojamientos rurales, restaurantes, merchandising en torno al lobo como camisetas, postales, etc.

- Educación ambiental. Dar a conocer el ecosistema en donde habita el lobo, la flora y fauna que la compone, el respeto a los elementos que integran el mismo, como parte vital de ese turismo en torno al lobo.

- Legado etnográfico y cultural: Conocer las prácticas culturales en torno a las poblaciones que conviven con el lobo, y los elementos que forman parte de esa cultura.

Pero como se dijo en un principio, ese turismo debe velar por la conservación de la especie y jamás olvidar el prefijo “eco”, ya que en vez de hablar de ecoturismo, estaríamos hablando de un turismo disfrazado con el manto verde de la naturaleza.

 Artículos de Opinión: Jota Ce -09-02-2014

Enlace a la noticia:
http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article63865

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